Teología del Silencio y de la Carne

NOMBRAR A DIOS, “PADRE”, LA MÁS GRANDE INJUSTICIA SOCIAL

NOMBRAR A DIOS, “PADRE”, LA MÁS GRANDE INJUSTICIA SOCIAL

Decir que Dios es “Padre”, llevó a los Sumos Sacerdotes a condenar a Jesús y a pedir su muerte, pero, ¿cuál es la relevancia de este acontecimiento? ¿Qué consecuencias sociales tiene este hecho?

Desde que nacemos, particularmente si crecemos en un hogar de tradición cristiana, se nos dice, que Dios es nuestro Padre, y que Jesús es su hijo, acto que se vislumbra en la Segunda Persona de la Trinidad, pero, la Trinidad, es un elemento teológico, que realmente un pequeño porcentaje de los creyentes asimila, entiende y hace propio. Así, nos acostumbramos a llamar a Dios, “Padre”, llevando hacia diversos caminos este nombre y sin darle el valor que realmente tiene.

La primer pregunta sería, ¿cómo puedo llamar a alguien más padre?, o lo común que cuestionan los niños, entonces, ¿tengo dos papás?, y aquí es donde desgraciadamente viene la respuesta, sí, uno en el Cielo y otra en la Tierra. Pero esta respuesta, es un error que llevará al niño(a) a no comprender la profundidad de las enseñanzas de Jesús.

Como principio se puede decir, que el Dios Padre de Jesús no está situado en otra realidad, en el Cielo, porque este no es un espacio físico, es un estado del alma, donde nos despojamos del yo para ofrecernos al otro, Jesús nos dice que Dios se revela en la humanidad del ser humano, por lo cual ya no existe separación, ya no existe esa figura de los dioses antiguos donde las deidades se percibían en tronos en un Olimpo divirtiéndose con los hombres y tomado a su antojo su destino. El Dios de Jesús, es un se hace Hombre para dignificar a la humanidad a través de ella misma, a partir de las acciones propias del hombre y de la mujer desde su propia libertad, porque sólo al ejercerla el ser humano comprenderá la responsabilidad de ser divino.

Estamos o nos han acostumbrado a ver a Dios como una deidad a la que hay que darle algo a cambio, así, “hago actos buenos para poder conseguir la vida eterna”, pero, la vida eterna tampoco en un lugar físico, la vida eterna es la estabilidad que se tiene interiormente y con el otro, es decir, comprender mi yo, para ser tú y aceptarnos como un nosotros. El Dios de Jesús no nos pide nada a cambio, porque eso nos llevaría a prostituir el amor, al actuar de esa manera no estamos siendo honestos en nuestro amor, estamos actuando para nuestro beneficio, teniendo como principio nuestra satisfacción, pero, esto es algo efímero al mismo tiempo, porque nos lleva a preocuparnos por un más allá al que podríamos llamar inexistente y dejamos de percibir la realidad de aquél que está a nuestro alrededor y sufre. Nos volvemos esclavos de la Ley, de los Dogmas, de la Doctrina y dejamos que la realidad se desgarre frente a nuestros ojos, y ahí, frente a ese dolor nos convertimos en jueces, “es un vago, un criminal, un flojo” y decidimos quien va a nuestro supuesto Cielo y dejamos que la realidad del que sufre se viva como un castigo de Dios, pero de un Dios que hemos construido en base a nuestra moral y realidad, no en base al Dios amor de Jesús el cual nos enseña a amar, el Dios cristiano ama al ser humano, el padre Pablo Scquizzato, dice: “Dios es Hiper justo”, y esto es lo que da sentido a la Misericordia, es lo que significa.

El Dios de las enseñanzas de Jesús, ama tanto que ni siquiera se cuestiona el “Perdón”, Dios no perdona, porque ama, simplemente ama a todos, no distingue entre bueno y malo, no separa entre Cielos, purgatorios e infiernos, estas divisiones las ha creado el Hombre, alejando la espiritualidad y la enseñanza de Jesús.

El Evangelio, es decir, la Buena noticia, es que ya nadie estará apartado de Dios, ya no habrá segregados sociales. En la época de Jesús, había muchas personas que eran alejadas de la sociedad, como los pastores, las viudas, las prostitutas, los que tocaban sangre, los que realizaban trabajos impuros, además las leyes estaban sobre el hombre y la mujer, pero, con Jesús esto cambia, porque Él dignifica a cada uno, por ello el ángel anuncia su nacimiento a los pastores, porque ellos representaban a los “parias” de la sociedad judía, no cabían dentro de la sociedad, pero Dios anuncia su nacimiento a esa parte segregada y en ese acto le regresa su dignidad, así lo importante de este pasaje es que ya nadie queda fuera del Reino de Dios, el cual se encuentra en la realidad social.

Frente a esto, cuando Jesús llama “Padre” a Dios y se hace hijo de Dios, no está llevando este acto a un lugar metafísico, no es por esta razón que los Sumos Sacerdotes y los fariseos se enojan, no enloquecen de ira por llevar su persona a un “Cielo” o por creerse hijo de una deidad. Entonces, ¿cuál es la razón de tanto enojo?

La respuesta es sencilla y a la vez profunda, como lo es Dios, porque al nombrarse Jesús Hijo de Dios, y nombrarnos hijos de Dios, nos hace hermanos, esto significa que ya no habrá segregados sociales, significa que todos tenemos los mismos derechos y la misma dignidad, esto era y desgraciadamente sigue siendo un problema, ¿Cómo los Sumos sacerdotes y fariseos iban a nombrarse hermanos de un leproso, de una prostituta, de un pastor? Nombrarse Hijo de Dios lleva una responsabilidad social porque nos hace hermanos, nos vuelve responsables del otro, y ahí toma sentido, la pregunta de Dios a Caín en el Génesis “¿Dónde está tu hermano?”, pero ahí viene la respuesta humana, ¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?, la respuesta debería de ser, ¡sí, yo soy el guardián de mi hermano!, particularmente de aquél que sufre, del que vive en un “infierno” interior, de ese ser que está muerto en vida, por su pobreza, por su marginación, por los juicios que erróneamente hacemos como sociedad.

Nombrar a Dios padre no tiene un fundamento sobrenatural, tiene un significado enclaustrado en el Ser humano, tiene un sentido social revolucionario, ver al otro como un igual, respetando su dignidad humana sea cual sea su realidad, vernos como hermanos rompe las fronteras, los límites, eliminaría la pobreza, el abuso, la corrupción, el dolor de la migración, porque al ser hermanos la tierra nos pertenece a todos, entenderíamos que nada tiene una propiedad y que el sentido de ser divinos tiene su fundamento en la aceptación, cuidado y amor que profesamos.

Dejaríamos de pensar que Dios está un cielo, separado de la tierra, y dejaríamos los prejuicios de la condenación, porque el Pecado en el Evangelio, “es lo que nos pertenece”, (ver. Libros de Pablo Scquizzato) y este Pecado desde el lenguaje del evangelio, es la mala decisión que tomamos, un error, una equivocación, que nos lleva a reflexionar y a encontrarnos con Dios, no es pecado en sentido moral, porque tomarlo así es lo que nos lleva a enjuiciar alejándonos de Dios y nos conduce a comportarnos como fariseos sobreponiendo la Ley escrita al Mandamiento del amor. Creo necesario aclarar que hay una distancia enorme entre Ley y Mandamiento, la Ley está creada para ser obedecida, yo te doy para que tú me des y si no habrá una consecuencia, por lo que no se actúa desde el corazón, en cambio, el mandamiento, se preocupa por la dignidad, es una enseñanza de vida que enaltece el crecimiento social, individual y espiritual del ser humano, desde el sentido del evangelio, como dice Simon Weil, el Pecado nos lleva al arrepentimiento, y este significa amar a Dios con los propios pecados, es decir, con nuestros errores y males decisiones.

Para concluir diré que sí, “Nombrar a Dios ´Padre´, es la más grande injusticia social”, para aquél que intercambia sus actos para recibir un paraíso, para aquél que se nombra elegido, para quién prejuicia sin conocer, para quién cataloga y sepulta la dignidad de su hermano(a), para quién espera que su realidad sea la realidad del otro sin importarle la dignidad, para quien antepone la Ley o un libro sagrado al valor humano, para aquél que cree que su fe es la única y la verdadera olvidando lo que dice un himno antiguo “Uni caritas et amor, Deus ibi est”, donde hay caridad y amor, allí está Dios. Más allá de su nombre, de si se cree que la razón es el único Dios, o si se dignifica al ser humano con un lenguaje científico, no importa, porque un creyente y amante de las enseñanzas de Jesús comprenderá que todo lo que se haga en beneficio del Ser Humano ya lleva esa buena noticia que él llama evangelio, en su Corazón.

 

Martha Leticia Martínez de León… Silencio

 

Nota: agradezco al Padre Scquizzato, quien en el desconocimiento a través de sus palabras escritas me ha otorgado un acercamiento humano de mi fe.